
Sonaban las campanas del pasado y estas se dirigían directamente al Sr. Trevunor, a el le gustaba disfrutar las caminatas por las noches, cuando se detuvo y quieto parado en una plaza espero a que los perros se le acercaran para lamer las heridas que desconocía porque estaban en el, solamente sabia que aparecían, luego de que los perros terminaran de hacer eso los vagabundos y las prostitutas se le acercaban pidiendo limosnas, el siempre los atendía a todos dándoles de comer a los vagos y consiguiendoles hombres que satisfagan a las putas, mas tarde el reposaba en una piedra, sentado descansando observaba las estrellas y cerraba los ojos imaginando sus molestias como si estuviese descansando en un regaso de espinas. El precisaba ir a la torre de la iglesia a la misma hora todas esas noches y oír esas campanas hasta que se detuvieran las hemorragias que aparecían, luego salia a recorrer la ciudad por las zonas mas oscuras, de esa manera la gente no lo apedreaba por existir ... bueno, realmente no sabia muy bien porque, solo llego a la conclusión de que era por su existencia que lo apedreaban. Pues a el ya no le dolía nada de aquellos golpes físicos ni nada, solo no quería que después se le acercaran las mismas personas para preguntarle: "¿te duele?, ¿quien te hizo esto?, ¿te ayudo?". Esto lo hacían mientras sonreían, pero se les notaba que la sonrisa les desfiguraba el rostro y el Sr. Trevunor se asustaba mucho con eso, solía tener pesadillas con aquella imagen que después no lo dejaban dormir.





